Disfunción Sexual Femenina

La primera versión de la disfunción sexual femenina (DSF) solo distinguía entre dos tipos de disfunción sexual, la impotencia masculina y la frigidez femenina. La categoría de trastornos psicosexuales aparece por primera vez en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales-III (DSM-III), definida como "inhibiciones del deseo sexual o de los cambios psicofisiológicos que caracterizan el ciclo de respuesta sexual" en 1980. Unos años más tarde, en 1987, se publica el DSM-III-R, donde el deseo sexual inhibido se subdivide a su vez en dos categorías: "trastorno del deseo sexual hipoactivo" y "trastorno de la aversión sexual".

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la disfunción sexual en 1992 como "la dificultad o imposibilidad del individuo de participar en las relaciones sexuales tal como lo desea". El DSM-IV de 1994, aún basado en el modelo de respuesta sexual lineal de Masters y Johnson, distingue entre trastorno sexual del deseo, de la excitación, del orgasmo y del dolor. Además, los clasifica como congénitos o adquiridos, dependiendo de su naturaleza, y como generalizados o situacionales dependiendo del contexto en el que ocurrían.

No es hasta 1998, tras el International Consensus Development Conference on Female Sexual Dysfunction, cuando se distingue entre los trastornos sexuales de causa psicogénica y los de causa orgánica, clasificándolos independientemente. Además, se introduce una nueva categoría de trastorno sexual, el "trastorno por dolor sexual no coital".

Desde entonces ha habido importantes avances tanto en la definición como en la clasificación de las disfunciones sexuales. Tanto en 2004 como en 2010 se revisaron las definiciones de función y disfunción sexual en el International Consensus of Sexual Medicine.

En la última actualización de la ICD, la ICD-10 del 2010, se sigue distinguiendo entre las disfunciones sexuales femeninas de causa orgánica y de causa no orgánica. Entre las de causa no orgánica, distingue varios tipos:

– Ausencia o pérdida del deseo sexual. Incluye:

  • Frigidez
  • Trastorno hipoactivo del deseo sexual.

– Rechazo sexual y ausencia de placer sexual. Incluye: anhedonia.

– Fracaso de la respuesta genital: trastorno del estímulo sexual en la mujer.

– Disfunción orgásmica. Incluye:

Dispareunia psicógena.

– Impulso sexual excesivo.

– Otras disfunciones sexuales no debidas a enfermedades o trastornos orgánicos.

Sin embargo, el DSM-V (2013) ya no hace distinción entre la disfunción sexual de causa orgánica y la de causa psicógena y asume que la mayoría de las veces el trastorno se debe a una combinación de ambas. Los tipos son:

 – Trastorno del interés o de la excitación sexual femenina: falta o reducción significativa de interés sexual o excitación, manifestada por tres de los siguientes:

  • Interés ausente o reducido en la actividad sexual.
  • Pensamientos o fantasías sexuales o eróticas ausentes o reducidas.
  • Pensamientos eróticos o fantasías sexuales ausentes o reducidos y no receptiva a los intentos de la pareja por iniciar.
  • Excitación o placer sexual ausente o reducido durante la actividad sexual en casi todos o todos (75-100%) los encuentros sexuales.
  • Interés o excitación sexual ausente o reducida en respuesta a cualquier señal sexual o erótica interna o externa (escrita, verbal o visual).
  • Sensaciones genitales o no genitales ausentes o reducidas durante la actividad sexual en casi todos o todos (75-100%) los encuentros sexuales.

 – Trastorno orgásmico femenino: presencia de cualquiera de lo siguiente en todas o casi todas las ocasiones (75-100%) de actividad sexual:

  • Retraso marcado, marcada infrecuencia o ausencia de orgasmo.
  • Marcada reducción de intensidad de sensaciones orgásmicas.

– Trastorno de dolor genitopélvico o de la penetración: dificultades persistentes o recurrentes con uno o más de lo siguiente:

  • Penetración vaginal durante el coito.
  • Dolor vulvovaginal o pélvico marcado durante el coito o intentos de penetración.
  • Miedo o ansiedad marcados acerca de dolor vulvovaginal o pélvico antes, durante o debido a la penetración vaginal.
  • Marcada tensión o estrechamiento de los músculos del suelo pélvico durante los intentos de penetración vaginal.

Todos los trastornos de disfunción sexual del DSM-V requieren un mínimo de duración de 6 meses para ser definidos como tal. Con ello, se consigue distinguir entre dificultades sexuales transitorias y disfunción sexual persistente.

Debido a las cambiantes y diferentes definiciones de la DSF a lo largo de la historia, es difícil saber la prevalencia real, pues en cada estudio se han ido siguiendo los criterios diagnósticos de la época correspondiente.

Es indiscutible que a pesar de los avances de los últimos años, la DSF ha sido mucho menos estudiada que la disfunción sexual masculina. En la mujer es más difícil evaluar problemas específicos de excitación u orgasmo y la disminución de función sexual se confunde frecuentemente con la depresión u otros trastornos médicos o psiquiátricos.

La DSF tiene una etiología multifactorial, por lo que se deben tener en cuentas múltiples factores biológicos, psicosociales, médicos e inter e intrapersonales a la hora de evaluarla. Debido a estas múltiples etiologías, el diagnóstico de DSF no es fácil. A menudo, su evaluación queda limitada por restricciones temporales, la ausencia de servicios de referencia disponibles, la escasa formación de los profesionales o la falta de iniciativa para abarcar el problema por parte de médicos y pacientes.

Actualmente están validados distintos métodos diagnósticos para la DSF. Los diálogos sobre sexualidad deberían empezar siempre con entrevistas abiertas, obteniendo además información sobre las creencias culturales y personales sobre la sexualidad, las relaciones interpersonales de la paciente o las posibles causas psicológicas u orgánicas. Así, tanto la historia clínica como la exploración física son fundamentales para orientar el problema. Una vez establecida la sospecha etiológica y diagnóstica, para confirmarlo existen distintos cuestionarios validados  que pueden realizarse fácilmente en una consulta de atención primaria como el cuestionario breve de satisfacción sexual para mujeres, el "índice breve de funcionamiento sexual en las mujeres", el "índice de función sexual femenina", el "cuestionario de función sexual de la mujer" ó el "detector del deseo sexual disminuido". Tras la publicación del DSM-V en 2013, Fertility and Sterility propuso un nuevo algoritmo diagnóstico para la DSF. Este diagnóstico de DSF debe estar siempre basado en la preocupación de la mujer ante la aparición del trastorno de tal forma que, si no existe esta preocupación, no puede establecerse el diagnóstico. "The Female Sexual Distress Scale" evalúa mediante 12 ítems si existe tal angustia o no, y la cuantifica.

Uno de los estudios más recientes, el PRESIDE, determina que la prevalencia de la DSF en EEUU es del 44,2%. Además, la National Health and Social Life Survey asegura que el trastorno es más frecuente en mujeres (43%) que en hombres (31%). Añade que el trastorno de deseo es el más frecuente (64%), seguido del de orgasmo (35%), el de excitación (31%) y, por último, el dolor sexual con un 26%. Muchas mujeres se ven afectadas por más de un tipo de DSF a la vez. Hablar de prevalencia de la DSF en España actualmente es ciertamente complicado. En toda la bibliografía revisada internacional encontramos datos que varían desde el 24% al 91%, pasando por muchos y diversos porcentajes intermedios. En nuestro país son contados los estudios que se han llevado a cabo para conocerla: el estudio epidemiológico sobre la prevalencia de las disfunciones sexuales en la Comunidad Valenciana, de 1995, y función sexual femenina en Castilla y León: rangos de normalidad, de 2010.

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